El trabajo más productivo del momento
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El fin de semana inesperado
El 26 de julio tuve un accidente en un viaje al Huehuetenango cuando recorríamos la famosa Laguna Magdalena, y lo que comenzó como un viaje para distraernos y salir de la rutina, se convirtió en un largo proceso de recuperación.
En un inicio el primer doctor que vio mi caso en Huehue me dijo que era un “simple hematoma” y que sanaría al cabo de 3 semanas, siempre y cuando no lo apoyara. Pasaron las 3 primeras semanas de cuidado, paciencia y espera y mi pie seguía exactamente igual. Fui con un traumatólogo ya acá en Guate y su diagnóstico fue que tenía un esguince grado 2 no quirúrgico y que debía estar inmobilizada por 3 semanas más, para que todo “pegara” en su lugar.
Sin embargo, no me quedé tranquila y busqué una tercera opinión, esta vez con un especialista de pie. El diagnóstico: lesión en el ligamento Lisfranc y la necesidad de operar para colocar 4 tornillos y estabilizar el pie. En un inicio me preocupé muchísimo pensando en todo lo que podía salir mal y la cantidad de semanas y meses que llevaría mi recuperación, porque el doctor me aclaró que ese tipo de lesión tardaba varios meses en sanar por completo.
También fue un tema emocional complicado, porque sentía culpabilidad por no haber ido con un especialista desde el inicio, así que tuve que perdonarme por haber confiado en ese primer diagnóstico que me dieron el día del accidente.
Poco a poco entré en aceptación y cambié mi actitud hacia el agradecimiento por recibir la ayuda necesaria con este tercer doctor, que ha sido un ángel.
Todo fue tan rápido, en dos días ya tenía la aprobación del seguro y era mejor operar cuanto antes, porque mi pie ya había comenzado a “pegar” todo de la forma incorrecta. Así que un día después del lanzamiento de la agenda me operaron.
Pequeños grandes aprendizajes
Gracias a Dios la operación salió tal y como se tenía planificado y comenzaron las primeras semanas de recuperación. Honestamente, el inicio fue lo más fácil, me mantenía acostada la mayor parte del día para tener el pie en alto, leía, tomaba siestas y hacía journaling los ratitos que podía estar sentada. Pero la semana 3 que me quitaron el yeso comenzó la tortura de los calambres y espasmos que duraban horas, porque los nervios de mi pie estaban comenzando a despertar tras tanto tiempo de inmovilización.
No había posición que me diera comodidad y el doctor me indicó que era el proceso normal, y que era algo positivo, porque mi pie estaba recuperando su sensibilidad. Luego vino la quitada de puntos y el cuidado que eso conllevaba, y ahora estoy en espera de que todo termine de sanar para arrancar la fisioterapia, que también llevará varias semanas.
Honestamente, es la recuperación más larga que he tenido en mi vida a nivel fisiológico y ha sido complicado mantener una mentalidad positiva, sobre todo cuando recuerdo que aún falta bastante. Sin embargo, mi cuerpo me ha enseñado demasiado con esta experiencia.
El trabajo más productivo del momento
Una de las cosas que más me ayudaron en el proceso fue asistir a terapia con la psicóloga Gaby Flores de Conecta Psicología. Ella es especialista en acompañar procesos de sanación y me ayudó a entender que mi cuerpo entero necesitaba descanso, calma y pausa para poder trabajar a toda máquina en recuperarse después de la cirugía.
Esto me ayudó a soltar la necesidad de trabajar y a enfocar todo mi tiempo en lo más productivo que podía hacer en ese momento: descansar.
Descansar para que mi cuerpo empleara sus energías en todo el proceso de sanación.
Descansar para no interferir de ninguna forma.
Descansar para no elevar la inflamación.
Descansar para no darle estrés innecesario a un cuerpo ya estresado.
Y eso me cambió la mente.
Quizás sin el acompañamiento de Gaby, hubiera asumido que mi pie no me impedía trabajar con las manos y, en vez de limpiar por completo mi agenda, hubiera usado esas semanas post operación para trabajar y avanzar en proyectos pendientes. Gracias a Dios no fue así y estoy segura que eso colaboró a una recuperación ideal y sin contratiempos.
Cuando el cuerpo hace huelga
Cuando sufrimos de una lesión, nos enfermamos de algún virus o padecemos de una condición, nuestro cuerpo hace “huelga” enviando inflamación a toda marcha para intentar reparar y necesita que nosotros dejemos de interferir para que pueda hacer su trabajo.
Por eso es tan importante tomarte un par de días cuando tienes gripe, hacer reposo total tras una operación o procedimiento y tramitar tus permisos de ausencia cuando tu condición es más seria. Darte el espacio sin culpa, es lo más amoroso que puedes hacer por ti.
Por supuesto que fue duro dejar de atender mi negocio durante un mes, y más tomando en consideración que acababa de ser el lanzamiento de mi agenda, el proyecto más importante de mi año. Pero dejé la “casa” lo más ordenada posible y me mentalicé para hacer lo mínimo, que era contestar mensajes de whatsapp y estar presente en redes sociales.
Hoy, me agradezco demasiado esa decisión.
Así que, por eso no has recibido newsletters míos en todas estas semanas, pero hoy me he prometido arrancar nuevamente con este espacio que me encanta tanto. Espero de todo corazón que este mensaje te haya hecho reflexionar acerca de tus propios procesos de sanación.
¡Gracias por leerme!
Linda semana,